Me tomo el colectivo para volver del laburo... un día después de la tormenta de 39º C y tierra seca.

Situación: Al "T" me subo justo antes de 6 obreros de la construcción que se gritaban cosas "amariposadas" entre ellos en una especie de boli-español que a veces intento decifrar sin resultados (sobretodo cuando las que hablan son mujeres). Me dispongo psicológicamente y para evitar incomodidades me paro junto al asiento de dos escolares de aprox 9. Pienso: "qué genial!" porque están leyendo... Tienen un  libro de historietas de Gaturro. Arrancamos y advertí que los amigos empezaban a inquietarse.

Ya al punto en que se turnaban para pegarse con el libro en la cabeza, decidí moverme. Pero no me quedé con la duda: el problema era que los dos querían ser Gaturro en la lectura. Cada uno leería un personaje en cada viñeta de dibujos, sería uno de ellos para "actuar" la historia en voz alta. El gordito le ponía todo, debo decirlo. Tenía "ángel", carisma. Y el otro dormía: la sucesión de diálogos cortos creí que me volvía loca. El volumen cada vez más arriba, cada vez con más power! Y yo que a destino, también llegué violenta.